jueves, 24 de enero de 2013

Fragmento de "Los tulipanes....."


Metió las manos en los bolsillos y de forma mecánica fue deslizando sus dedos entre las monedas, como si los introdujera en un baño de parafina. Ahora el dinero de plástico había sustituido al de uso corriente, y apenas utilizaba monedas o billetes. Las monedas eran casi un residuo de su pasado, de ese pasado en el que  tenía cosas más sólidas a las que aferrarse.
-Ustedes, los hombres de leyes, hacen que todo parezca enrevesado y a la vez sencillo- dijo Lucía, a su espalda. ¡Maquillan tan bien las palabras con los latines y los derechos y los artículos del Código Civil!
D. Augusto no respondió. No serviría de nada, pues pensaba lo mismo. Durante los treinta y cinco años que llevaba en el ejercicio de su carrera no le había temblado el pulso ni una sola vez al emitir un veredicto. Se había hecho un corazón y una cabeza a la medida de su cargo; tal vez aún quedaba en él la huella borrosa de cierta piedad disimulada por el silencio burocrático y servil de los juzgados. Pero no recordaba sensaciones asociadas a esa frigidez espiritual. Simplemente, dejó que su corazón se corrompiera. Se recreaba en una envolvente seguridad como si estuviera blindado, o como si se elevara planeando ligero por encima del bien y del mal. Desde esta posición, el infortunio ajeno quedaba reducido a la mínima expresión, y le parecía anecdótico, ridículo y sobre todo, lejano. Sí, la vanidad le inflaba como un globo, dentro del cual podía alejarse de las lamentables desgracias cotidianas.


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