jueves, 8 de noviembre de 2018




Epopeya


Hoy el cielo es tan claro,

dijiste, y un gorrión cambió de rama.

Me estremecí, no hay nada que suceda

por suceder.

Una parte de mí temía ofender cuanto de puro

hay bajo el cielo.

Crear un ídolo tan grande que nos devorara.

Consagrar un diamante y rendirme a su brillo.

Porque veía crecer los ríos

de carne en nuestras venas.

Porque creía ser raíz expuesta al viento

y en este desarraigo, en este torbellino

existía sin mí, sin tierra o coágulo que anclara mi sustancia.

Porque girar en ese espacio que resguarda tu aura

y hacerlo mío, y ser tu yo

rompía

la cáscara fina, y la frágil criatura que guardaba

temblaría de frío como todo lo imperfecto

que busca su lugar, sus alas, su nombre

en un nuevo bautismo.





sábado, 20 de octubre de 2018






Agua tranquila

Me incomoda la penumbra, también me siento extraña
en los parques vacíos.
Si puedo elegir, elijo una madrugada,
una calle con árboles, la alegría de los recreos.
Sin violencia de lunas deformadas
nadaré en el sahumerio del incienso fresco;
el canto coral del silencio señalará direcciones
que abrazaré como río.
Fluctuación de pulmones
sabios,
resonancia del acto anterior.
El mundo ya no será un pensamiento gastado.
Ni intolerante. Ni loco.
Todas las palabras graves o superfluas
en conversaciones vacuas ya no tendrán sentido.
Me quedo con la magia, la bondad
del que sin deberme nada, me lo dio todo.
Esto no es un testamento, es más bien el diario
de alguien que en su torpeza necesita pasar a limpio,
filtrar todo el agua y flotar,
y cantar bajo el auspicio de un lucero, o de tu mirada.
Hipnotizada por el movimiento suave de las olas
volveré al agua tranquila.
Será un final de película
como los del del cine Victoria.

lunes, 15 de octubre de 2018



Intimidad

Como las cerillas, ardemos
y es para siempre;
desatamos el luto hasta consumirnos
en la voluptuosa llama que interroga y asciende;
ya fui entregada a mi destino
por eso la audacia
de amar a un hombre que me esquiva.
La certeza de la muerte causa estragos.
Degustamos las alas de una vida pequeña
profanando su misterio
con un gozo íntimo
con un sorbo profundo de carne.
Y el aire que nos avivó nos apaga.
Rompimos el jarrón, la vida aplazada de la hortensia,
el agua se nos fue de las manos.
Todo hablaba del cieno en las manzanas caídas
y del cristal que calibra el alcance de la devastación.
La certeza de la muerte causa estragos
Sé que arderé como cerilla, mas el deseo sigue intacto
el deseo tiene el color de las entrañas vivas
y lo vivo deja buen sabor de boca.
Pienso en la prisión y dibujo una llave
(tal vez no es la llave que abre y cierra este interludio
un ancla con fe en un mar que zozobra)

Hubiera deseado nacer en otra época
escuchar la canción del agua sin prisas
una conversación interminable, lánguida, una salmodia
de suspiros, el temblor nítido de los espejos
en el fluir de la corriente.
Ya mi cera arde sin descanso.



viernes, 5 de octubre de 2018




El aura


Tantas veces se nace y se muere...
se rompe una y se recompone,
que el pasado resulta extraño
y el futuro es una pieza suelta colgando
como cornisa inestable.
Hoja zarandeada, tu cuerpo tan sensible al dolor
fue arrastrado entre el fango violento
y suplicaste una y mil veces piedad
como suplica el que, sin llegar a caer,
tampoco vence.
Te aferras a los ritos,
a baladas que alimentan anillos de calma
y repetición. Tal vez sientas añoranza del agua que bebiste
y del pan que comiste ( aquel agua no existe, aquel pan
desapareció)
Alza la cabeza y deslízate confiada como un cisne.
Reconocerás tu grandeza, y el corazón
estará libre para las siguientes venas.
No temas, estás a salvo, tu alma camina segura
ella tiene un cerrojo,
pero nunca perdió la llave.
Más allá del grito,
de la emoción soluble,
resplandece el aura como una flor de terciopelo.
No importa que las manos desesperen
las manos de tierra viva
tarde o temprano tendrán su pan servido
la música y los azahares que trastocan los sentidos.
Y el nudo que tejes
será desatado en un juego de estaciones y hechizos.
La larva, la diminuta larva que se asusta cuando contempla
la inmensidad del universo,
será indultada en la ceremonia azul de las estrellas
en el vaivén del aliento
y los zapatos del regreso.
Asumes la condición de prórroga.
Aunque sólo tengas una rama como hogar
en este sitio que no es el tuyo
que observas con ojos incrédulos.



lunes, 10 de septiembre de 2018


Aprendizaje
Nació con la cabecita bien redonda
no hay datos fiables de su primera aventura.
Partía de cero y tenía frío, y era una llaga de vida.
No sabía apenas llorar
sus ojos estaban hechos para contar historias
pues su historia carecía de grandes sucesos.
Poco a poco se ungía con un saber innecesario
calderilla de joyeros
en cerditos de barro oportunamente destripados.
Huía de las ascuas que tapaban el sol
de lecturas obligatorias, de gladiadores romanos
y de arreglos florales.
No encajaba en los pupitres.
Comía tierra al descuido, que le daba el extraño poder
de los escaramujos
unas sucias uñas
y dedos duros.
Mordía una manzana, mordía un gusano
sin saber de Eva y sus diabluras, acumulaba polvo en sus heridas;
Buscaba brazos, cocinas, almas para quedarse
aunque fuera a destiempo. Le tapaban las muñecas
con un reloj pintado.
Por lo demás, era una niña corriente: jugaba a las tabas, abría y cerraba abanicos, soñaba con sandalias doradas
y con una lavadora de programa largo.
Le asustaba la sangre en toda su vastedad
en todo su aliento de perro, de muerte gratuita.
Evitaba los pasillos oscuros
las bocas de chimenea, los cuellos de botella.
Aprendía despacio a ser mujer;
la niña desnutrida
avanzaba con su cabecita redonda,
husmeaba en busca de algo, sin lamentarse
sin declinar ofertas, trastos, timbres, zapatos callejeros.







jueves, 6 de septiembre de 2018






Dolor

Como una cita indeseable se presenta el dolor
y deja un relieve, un timbre histérico en los dientes
que sonríen como nuncios.
Me dejo caer, excavo mi madriguera tratando de no hundirme
o sólo lo necesario en el sofá.
En el centro de gravedad los huesos planean
sobre fisonomías compactas sin encaje.
Con trivial negligencia la nervadura de ese viento lúgubre
se enrosca en las cervicales
aviso de una trama oscura, punzante y amplificada.
El invierno, la muerte, la miseria roen el vientre
pero transcurre lenta su mordida como un ladrillo romo en el costado.
Vivo y resplandeciente vuelve el dolor
con su vicioso lametazo
con su cuchillo recién afilado.


domingo, 2 de septiembre de 2018



Tallados a fuego y cuchillo


¿Qué fue de todos ellos,
de los hombres modestos, de negro, de mi infancia?
Todo músculo, piel curtida, todo nuez
y pupilas ardientes entre cuencas profundas.
Tiritando de frío, en inviernos de lobos
exhaustos cuando las codornices eran de los trigos, y un sol mortal arrancaba de cuajo las espigas
Qué fue de sus camisas a rayas, presos del yunque y el arado,
de su coraje sin naftalina para aguantar la náusea de la vida
qué fue de su espantosa cordura que imitaba la nobleza de una cólera humilde,
del miedo y la miseria rondando como tábanos su casa
qué fue de sus soberbios aforismos, y de sus muebles artesanos
creados al amparo de un tiempo dilatado, prosaico
y sin tele.
Que fue de esa fuerza de hierro en los ojos que vieron parir una guerra.
Qué fue de las mujeres de luto riguroso
viejas a los cuarenta
de sarmentosas manos suaves como plumas
diligentes, gentiles y sumisas, que soportaban alegrías y desgracias
en sus frentes dulces como jazmines,
que acarreaban agua y suspiros sobre las anchas caderas
distrayendo a los espejos guardianes de la muerte.
Qué quedó del legado de las perpetuas abuelas
arrinconadas entre el fogón y la esperpéntica luz de una bombilla
Qué fue de la mortaja de su cuerpo vivo, trémulo y desarrapado
leyendo cartas desde el frente de su joven soldado calavera
sintiendo el punzón del deseo herir de vida no vivida?