sábado, 13 de enero de 2018


Las sangres

Roja, dulce, espesa, fría
caliente, fresca
heroica, azul, coagulada.
Positiva, alcahueta
hirviente, helada.
Explosiva, lujuriosa
podrida, fraternal. Sangre amenazada.
Sangre lunar, sangre amaestrada
fluida, gentil, avara, victoriosa.
Sangre agnus dei
sangre de los sinsangre
sangre avinagrada. Sangre fértil, sangre mártir
sangre en las heces, sangre en el alma.
Ríos de sangre, sangre elevada, sangre que expira
sangre joven, sangre paria.
Sangre enferma, sangre nueva, sangre de estatua y de lágrima.
Compasiva, sublime, transeunte de avenidas bifurcadas
sangre en la llaga supurando el abandono de la arteria
sangre virgen en altares mudos
sangre de sanguijuelas hartas.
Sangre en la luna, sangre en los ojos
sangre en la llama;
sangre fetiche y asesina
sangre negra de pulmón esclavo
sangre blanca de niña malcriada.
Sangre vital, sangre vengativa, opaca, inquieta. Sedienta, pasional
lúbrica. Salada.
Sangre mortal, agonizante, turbia, nocturna, infiel, trastornada.
.....
No llegará la sangre al río, decía mi madre
cuando las peleas nos giraban la boca más roja que la sangre roja
cuando en los puños nos mordía la sangre
y se agitaban los cántaros jóvenes del músculo más fiero. 

(Imágenes de la lectura de este poema en el Ateneo, el día 12 de enero de 2017. También junto a Francesc Cornadó, poeta y arquitecto)

lunes, 8 de enero de 2018



Esperanza.

Cualquier pretexto sirve para no abandonar la esperanza.
Sirve la fe, aunque retrate un imposible.
Sirve la inspiración, huérfana de alas abiertas.
Sirve la llama en hoguera de húmedos sarmientos.
Sirve la luna que corona los cerros con sueños envueltos en estrellas de regalo.
Sirven también los obreros, y los padres distantes que se aproximan con brillo en los ojos y buena voluntad.
Sirven los signos en la arena, y el papel en blanco que llama
desde su honda superficie de abundancia.
Por algún motivo que no acierto a explicar, sirven las esquinas con tropezones
y la sensación de irrealidad que convierte el tiempo en un círculo perfecto.
Sirven las aves migratorias que se borran en humos funerales
y las flores del desierto de Atacama
Sirve un hombre sin pasado como los héroes del cine
una mujer con pie cómodo, con risa libre.
Sirve lo que nunca sirvió y fue desechado.
Por servir, sirve hasta santiguarse al salir de casa
anticipando el regreso. 

domingo, 31 de diciembre de 2017



Nana.

Algo está a punto de ser revelado
bajo tus pestañas la luz es acuarela
y una estrella fugaz cruza tus ojos pórtico de catedrales.
Ellos sonríen con el temple de  los almendros
y la negación de las escamas en los cuerpos vivos.
Los narcisos redondean tu cara
que cede a los corderos y a las campanillas.
Todavía no hay ropaje que cubra
las habitaciones frías de tus mares nocturnos.
Sólo tienes brazos para alcanzar rostros de madre.
Algo está a punto de ser revelado;
en la lluviosa nana duerme mi niño
como loto protege su secreto.




viernes, 29 de diciembre de 2017


Mentirosos compulsivos


Qué fácil avivar una mentira
qué cansancio de estambre sostenido,
las coaguladas rosas del olvido
tejen coronas de virtud fingida.


Cuando el silencio puro te desvele
y no encuentres estrella ni alegría
más allá del arco, de la fuente fría
hallarás el azul que te consuele?

Sombra y sal, agua de la noria
buscarás la trascendencia de la rosa
donde teje la escarcha su victoria


Con la voz remota, sin historia
con la risa antaño luminosa
libras infiernos vestidos de gloria.


(Fotografías de un muro pintado por los niños del colegio Antoni Doltra, de Pineda de Mar)

domingo, 10 de diciembre de 2017

El aura

Tantas veces se nace y se muere...
y prodigas tu energía en ritos,
baladas que alimentan desde siglos
la calma de la repetición.
Nuevos himnos se añaden, y como el cisne
alzas la cabeza y te deslizas confiada.
En ese vals de ida y vuelta
reconoces tu grandeza, y el corazón
araña migajas para las siguientes venas.
Hoja zarandeada, disuelta en agua oscura,
arrastrada como fango violento hasta el túnel de toba
fuiste.
Hasta la intimidad de los átomos que transpiran dulzura.
El secreto está a salvo. Más allá del grito,
de la emoción soluble 
resplandece el aura en terciopelo.
No importa que las manos desesperen
las manos de tierra viva
tarde o temprano tendrán su pan servido
la música y los azahares
que trastocan los sentidos.
Y el nudo que tejes
será desatado en el juego de estaciones y hechizos
que desafían tu cuerpo.
La larva será indultada en la ceremonia azul de las estrellas
en el vaivén del aliento
y los zapatos del regreso.
Nada se crea ni se destruye.
Asumes la condición
de prórroga. Esa escalera
que es rama de noche te espera
con sus peldaños al aire.

.

sábado, 2 de diciembre de 2017







Hechizo




Aquel lodo sin purificar dejó un trébol de cuatro hojas inmóvil como un exilio.
Una ruta con cruces y panecillos aprovechados
una lenta consagración del fanatismo.
Los suspiros alcanzaban los espejos. No había otra pizarra más allá del miedo.
El miedo pervertía soportales con su exhalación corrupta, mientras las muchachitas paseaban cuadros escoceses y calores naranjas por encima de las rodillas.
Intento alcanzar su rostro invisible, su rostro indigente sin nobleza, y las capas sucesivas de una cólera callada.
Hay un hervor oculto, un signo extraviado de locura, trenzas y una remota capilla con la virgen impávida.
Un olor a cera encapsulada.
Hay una mutación de la hermosura en vértigo y de la pureza en óxido.
El terror a la disolución de la savia, anterior a nosotras, revoloteaba por las inmensas paredes lechosas del fondo.
El miedo era el trago inútil que bebíamos en el desayuno, con voces ecuménicas observando con lupa los coloretes adolescentes.
Deformación de la matriz estéril y subalterna, lavada por el martirio y el rescate del alma; su argumento consolidado por siglos tristes. Su vena cava en latente mordedura.
----------------
El trébol fue el amuleto contra los dioses, las máscaras y las vírgenes opacas.
Alcanzó la transparencia, rompió el fatal hechizo.






domingo, 12 de noviembre de 2017



El rostro de la verdad


Admiro a los seguros, a los que no dudan, a los que exhiben verdades “como puños”. Sin vacilar, sin cuestionarse hasta qué punto esas verdades forman parte de otra Verdad más amplia, con cobijo para el adversario, el que se llena la boca con su otra verdad, abonando entre todos la yerba negra del desprecio.
Mi inseguridad me obliga a cuestionarme incluso las propias ideas, que han recalado en mí como puerto itinerante. Y esto exige una ruptura con tantas palabras ciegas que en cierto momento de mi vida tomé como liberadoras y se acabaron convirtiendo en enemigas de mi libertad.
Cuestiono mis propias ideas y pensamientos, los exprimo para que suelten todo su veneno o todas sus mieles y finalmente los contemplo como ajenos, sin darle más importancia de la que merecen, pues son aire, aire que se evapora y da paso a una nube o al cielo más azul.
Nunca vi el rostro de la verdad. De hecho, creo que la verdad no tiene rostro, y que sólo podemas guiarnos por vestigios, y a su vez éstos se disparan en ráfagas diminutas de astillas, humo, cenizas, silencio perforado.
Tal vez contemplar los propios pensamientos como si fueran ajenos nos permita desterrar a ese mesías ebrio, eufórico, que todos llevamos y que tanto cansancio nos provoca con la coartada de su rústica y supuesta infalibilidad.
Nos dejamos llevar por él, vocifera tanto que nos hace creer que las grietas y las sombras son propias de individuos débiles, nos engaña con su espectacular furia teñida de virtuosa seguridad.
-----------

Dije que admiraba a los seguros, pero a estas alturas, y debido a mi cuestionamiento de todo lo que acontece fuera y dentro de mi, afirmo de manera rotunda que me atosigan con sus planchas antiarrugas, con sus habitaciones enderezadas y asépticas.
Me recuerdan la perfección del gavilán en su vuelo, la gélida fortaleza del mármol sin vetear.