martes, 29 de abril de 2008

A todos los creadores

Bajo este título algo pomposo, debería sentirse aludido cualquiera, ya que cualquier parcela de nuestra vida exige un mínimo de creatividad. De lo contrario, es difícil que salgamos airosos. Creatividad para capear la crisis que se nos viene encima, y para disfrutar de lo personal e intransferible, aquello de lo que no podrán apropiarse las grandes holdings internacionales. Me refiero a la libertad. Esa palabra tan degradada por algunos, tan utilizada como moneda de cambio por los que quieren vendernos la moto. Oh, sí, hay mucha supuesta libertad suelta por ahí. Alguien tendría que encargarse de sujetarla; de lo contrario, nos volveremos libertinos y no entraremos por el aro. Bromas aparte, se habla mucho estos días del mayo francés, que ya es cuarentón y por lo tanto no debe mojarse demasiado la barriga
Hay opiniones para todos los gustos: que si el mayo francés trajo libertad- de nuevo, la palabreja- que si ayudó a la gente a expresar su parecer, a oponerse a los que mandaban, que si aportó distracciones varias, como drogas ilegales o individualismo, reivindicación de los valores ciudadanos y no sé cúantas cosas más. Prohibido prohibir, se dijo entonces.
Y ahora, viene lo mejor ¿Acaso ha cambiado algo en ese terreno? ¿Se nos prohíben menos cosas, o por el contrario, los sistemas de control son cada vez más apremiantes aunque más sutiles gracias a las nuevas técnicas? Me inclino más por lo segundo. En la calle, las sanciones, los tributos municipales, los recargos de los bancos o de las entidades de servicios de telefonía o de electricidad, por poner un ejemplo, los controles de tráfico... hasta algo tan impersonal como un semáforo dirige nuestros pasos atrayendo nuestras miradas con colorines- ya lo sé, es cuestión de seguridad, pero es que casi todo al final se justifica por la seguridad, hay mucha gente empeñada en guardarnos las espaldas y desvalijarnos los bolsillos- Y luego, por si todo esto fuera poco, las miradas de reproche de nuestros vecinos nos persiguen cuando por azar, error o cualquier otra circunstancia ajena a nuestra voluntad dejamos de cumplir lo que se espera de nosotros. Lo dicho, creatividad para salir airoso, para no morir asfixiados de tanta supuesta libertad
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