sábado, 5 de noviembre de 2016


Soliloquio

Mi gato ha declarado una paz tácita
subido al tejado, sobre la chimenea imberbe
se rasca la barriga de su paraíso abstracto.
Envuelto en nubes
-con cierta algarabía de bigotes-
y sin fórmula de encantamiento
o efusiones de muestrario
se lame la paz sin rasguños
tal vez ya resacosa, maleable
gris tacto de terciopelo
que está a la altura
de todas las paces de superficie firme
o más. 


                                                        

sábado, 22 de octubre de 2016



Este poema podría ser continuación del anterior, pero están escritos en diferente época.


Alternancia de jardines


Los jardines se extralimitan en sus pompas
árboles de un verde cansino se prestan obedientes
a los caprichos de las sombras,
piedras veniales
cercenadas de sus troncos se miran en los espejos
fracturados de la gravilla,
los arcos de rosas pasan de puntillas por el cielo
se despojan de sus velos en striptease de verano;
memoria de pez tienen los estanques
infalibles como un ciego deshonrado.
Entro en el jardín parcialmente nuboso
bajo el discurso oficial de los vencejos.
No hay anhelo que me cosa al ramillete
de ojos fosforescentes de las hortensias,
mi tronco es enredadera husmeante
por la que trepan lagartijas del color de la ceniza.
.......
Desanduve por primera vez los paisajes familiares
y tuve miedo a perderme bajo el pesado manto de los robles.
El viento torrencial me empujaba más alla de los jardines.
El camino bifurcado impuso su rebelión a mis pies inexactos
calientes de raíces.
Aquí estoy de nuevo, con mis botas de dudas
clavadas en el suelo como cemento.
Aromas mixtos llegaban al velador de las esperanzas
la tarde áspera probó sueros de almendras dulces;
se reencontraron sus vértices de jazmines volátiles,
de explícitas mimosas;
la tarde guardaba intactos arrecifes de buganvillas
terrazas voluptuosas de madreselvas celadoras.
Más allá del Eúfrates y de mi cansancio
los tesoros de Babilonia brillaban como peces dorados.



                                 





                                              (  En la imagen: "Montseny", óleo de mi autoría)

domingo, 16 de octubre de 2016



Noviembre se adelantó en este poema que guardaba a medias de escribir y que hoy recupero.


Respiración asistida
 A principios de noviembre
cuando los ciclistas se deslizan en sus cortezas de aire,
las cunetas vuelven a la memoria del agua
los caquis se encarnan
y las golondrinas se africanizan con plumaje de ida y vuelta.
Quién sabe del desgarro de las moreras
o de la soledad adusta del cuervo en su estómago acechante;
quién curará las caries de las fachadas centinelas
o escuchará los versos de los ríos temerarios
qué será de los guardianes de la tórtola y de la lagartija
quién afilará el oído de la tierra oscura,
y quién bailará las danzas que lleva en la tripa la montaña?
Sólo puedo añadir que a principios de noviembre
los bosques se hunden en mis costillas
y me respiran.

   
                               (En la imagen, campos del Maresme en otoño)





domingo, 9 de octubre de 2016



Estudio de grabación

Soy lenta porque he ardido en hogueras
como plumón de cisne
me han desollado, roto por dentro
han manchado mi frente con ceniza
con culpas
con grajos que se alimentan
de mi flaqueza.
Soy lenta, pido permiso a mis pies para avanzar
me pongo de acuerdo con mis caderas
con mis engranajes de mujer
tan delicados
que acaban con la paciencia de siglos
de cocción a fuego lento
de mis madres.

 (Pintura de Hasan Saygin)
            
                                       

sábado, 1 de octubre de 2016




TAREAS PARA HOY
(Poema-propuesta ampliable)


Volver con algo en las manos como los hijos de los pescadores
 la hoja virgen sin suela aplastante
el canto emergente de los ruiseñores
 la piedra de río con la cara lavada.
En un círculo necesario que pasa por el centro
y por el vacío como fiera por el fuego
volver con
el rostro amado,
la piel estable y sin peso, los cines con brocados polvorientos
los frescos de capillas sixtinas en el cielo agostizo
la cajita de plata donde cabe apenas un anillo desolado.

Descansar si es necesario para volver con más fuerza.
Sentir( La voluntad mata el nervio que late jadeante)

Usar los sentidos como grúa móvil
vadear los desiertos con sosiego de palmera
recuperar a Franco Battiato en una casette bien rodada
el hilo de fantasías que mutó en telaraña
la frescura deshilachada del viejo cuentacuentos.
Volver a
la secreta meditación de las campanas
la forma caliente, magra, de un cuerpo
decir te quiero sintiendo el golpe de calor
en la boca del cielo
dejar abierta la ventana
tomar la luna.

                                     

sábado, 17 de septiembre de 2016

Caras sin velo

Voy por ahí tropezando con caras. Y son un servicio de urgencias para curar la soledad, abierto las veinticuatro horas del día; son las páginas de un libro que explican pequeños o grandes hechos insólitos. Otras veces se cierran en enigmas que intento descifrar mientras siento mi propio rostro adormecido por un placer manso.
La cara es la frontera y es la puerta, la revelación a través de la cual se amplía el horizonte. Dirijo mi atención a ese aura expandido y mutable que resplandece en cada rostro.
Hay caras que se derraman por el cuello como cera derretida, como barro rojizo que busca su forma. Rostros que parecen pedir perdón por su existencia, huérfanos profundos de labios entreabiertos y silencios abismales. Ayer vi una de estas caras: era la de una mujer que estaba en el balcón, con medio cuerpo fuera y la cara empapada en la misma niebla azul que cubría los tejados.
Las caras de personas desconocidas a veces se alzan como espadas en alto, no con la intención de atacar, sino de defenderse de los ataques. Aún bajando la guardia, estas caras parecen residencias privadas que esconden hermosos tesoros e íntimos tormentos. En ellas, los ojos son el primer y más perfecto sistema de seguridad que se rige por códigos cifrados.
Mirar, acercarse a una cara, es como observar un paisaje cambiante en el que se ha vivido o en el que se desea vivir.
Cuando la furia domina, los músculos de las mejillas se contraen, cada blasfemia escupe su saliva, la nariz aletea nerviosa, bebiéndose el aire. Cuando la alegría la invade, los ojos recitan poemas persas de color esmeralda, la boca se alza en esplendores de orquídea, las mejillas son bulevares acristalados. 
Hay caras seriadas, como broches de un joyero que no se cansa de repetirse. Hay caras-avalancha, que te sorprenden, te acechan, te trituran, te sepultan, te inmovilizan, te sumergen en un mar oscuro de arrugas, bocas, dientes, ojos abisales.
Hay caras líquidas llenas de cuevas misteriosas con aguas cristalinas, donde la vida comienza con los ojos abiertos para alcanzarla toda.
 Hay caras tímidas como otoños, que se ponen colorete, o pañuelos o gafas de sol que frenen el choque de otros ojos, de otras caras, que temen cirugías, que buscan un puerto de llegada o cualquier alegría sencilla que les despierte con música a primera hora de la mañana.
Hay caras que han sido desahuciadas por sus dueños, y van mostrando ese desencuentro cruel con una extraña frialdad de paredes húmedas y rincones oscuros.
Caras que son preguntas y caras que son respuestas, cumbres donde trepar y gozar puestas de sol color naranja.  







La primera imagen es un óleo de mi autoría: "Nebulosa en Orión"
La segunda imagen está realizada en carboncillo. Autoría propia. "Mujer con abanico"


miércoles, 3 de agosto de 2016

DESEO.

Le prometieron unas sandalias doradas. Las del escaparate arisco, que miraban con suavidad de jabón. En la gracia del verano, las sandalias ocupaban un lugar inmenso, superando con creces a carpetas emancipadas, y a la solemnidad de aquellos ojos negros que miraban desde un retrato granítico.

Nacían en oro y con tanta alegría que cuajaron en perla, en sueños. 
La fragilidad de desear fortalece con una alegría mansa como seda de encaje. 
Las sandalias no son ambiguas. Proponen acontecimientos discontinuos y un destello puro, una tensión de arco definido como una ceja.
Las sandalias iniciaban vuelos ciegos como estrellas fugaces en la gracia del verano. Eran paisaje burbujeante con fondo negro de escaparate raro. La llenaban de un amor ardiente, y un temor mudo a ser privada de su sueño. ¿Quién podía privarla de su sueño? El sueño tiene paciencia de santo, el sueño es la conciencia de peligro que abre espacios. Las sandalias doradas miraban con suavidad desde el ardor del verano, y con la inocencia codiciosa de la niña descalza, ella disfrutaba de una fe terrible, una fe oblicua como el rayo de sol que atravesaba el escaparate imantado. Elegante y soñadora como las propias sandalias, se quedaba inmóvil como una oruga esperando la eclosión. Se retorcía de dolor, había confusión y estrépito en el aire; el deseo es un arma fatídica; entre aullidos púrpura, rompió el cristal.