sábado, 18 de abril de 2015

Memoria y olvido.

¡Ojalá no pierda nunca la memoria, ojalá no tenga mala memoria para los buenos recuerdos!

La memoria es una flecha que recorre veloz el tiempo. Y lo hace hacia atrás, como si buscara la semilla que propició la cosecha. Cuando la flecha hace diana, el tiempo se detiene. No deseamos nada más; con disponer de ese tiempo conquistado es suficiente. Tener tiempo para gastar sin tino es más de lo que muchos pueden desear.
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Cuando monto en bicicleta me siento tan libre, que no puedo evitar tener remordimientos ¿Qué esta pasando? ¿ Me falta el casco, vulnero alguna norma de tráfico, me falta el cinturón.... el cinturón que aprieta y asegura? Sé entonces que la libertad es como el sudor limpio que se desprende de mis poros, es el suave cansancio que relaja y te hace sentir el cuerpo como una central de energía recargable. 
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Algunas arrugas de mi cara  son heridas que se abrieron como rosas escarchadas en noches de insomnio
o en días de alegría desbordante.
No plancharé mis arrugas, las exhibiré sin tapujos como testimonio de una vida intensa
porque no soy estatua que permanece impasible al dolor
a la belleza
al acoso del viento del norte.
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A veces siento la tentación irresistible de imitar. No es envidia, es necesidad de conocer otro yo posible.

lunes, 23 de marzo de 2015

Hoy quisiera hablar de héroes. De manera breve, porque hay tantos tipos de héroes que necesitaría mucho espacio y mucha paciencia para rendirles homenaje.
De todas formas, hoy en día los héroes no son lo que eran, y que lo que predomina en cambio es una mezcla confusa entre héroe y villano, pues sus límites se desdibujan en el vasto devenir de la existencia.
Dejo atrás a los Mister Proper y a los Supermanes de turno, con sus vuelos benéficos y sus músculos de hierro. Y en cuanto a los héroes clásicos, tan poderosos, tan lejanos, o bien me cansan, o bien me atontan. No hay plenitud en sus acciones, y en cambio, hacen que dejemos de estar alerta. Que deleguemos en ellos la salvación. Pues un héroe por antonomasia es un salvador; lo que ocurre es que el heroe clásico, tras sus hazañas, deja el campo arrasado de actuaciones sublimes; además, dan mucho respeto -a veces también miedo- como esos dioses capaces de variar el destino de los hombres. Son fríos como los aerosoles que arrasan con las hormigas que con gran esfuerzo y organización trepan hasta lo más jugoso de las plantas, y dejan un rastro negro de diminutos cadáveres por el suelo.
Otra de las categorías a las que prestar atención es la de los héroes de bolsillo, que debido al material contaminado que manejan, se diría que representan el papel de villanos; sin embargo, no por eso dejan de ser meritorios, ya que se recurre a ellos para procurarse una salvación pequeñita, que consiste en dejar al cerebro por unos momentos en off. Es un vulgar sucedáneo, ya se sabe, un sustituto del auténtico y cada vez más escaso héroe noble, generoso y reluciente.
En definitiva, el héroe de bolsillo tiene tantas aplicaciones como el aloe vera, pero lo mejor es que sirve como anestesia para los días o las tardes con ocaso anticipado. Se suelen prodigar por las televisiones de los geriátricos y por los hogares con luces en declive y atmósfera flácida.
En uno de estos lugares, el geriátrico, hay un viejito, uno más entre tantos, con muchos años a cuestas y muchas pastillas en el pastillero, que se queda adormilado con su héroe de bolsillo bailando por última vez en la retina. Lo que supone un gran consuelo, porque hace apenas unos momentos acaba de escuchar de nuevo la vocecita infame que le golpea a la hora del vaso de leche con galletas, cuando las  visitas están a punto de marcharse y el solecillo inicia su declive en el tejado de enfrente: "¿Qué he hecho yo para merecer esto?", dice la voz que, aunque sea escualida, taladra por unos instantes su cerebro..
Ay, la vocecita golpea de nuevo, pues se trata de eso, de una voz insidiosa y malcarada, a la que debería haber mandado hace tiempo a paseo.
Luego todo pasa; nuestro viejito se olvida pronto de la voz que gimoteaba hace un instante, y se zambulle sin fe y con la vista algo perjudicada en la última exclusiva, en la penúltima pelea, con un sopor agradable,con todo sus músculos cocidos; por el rabillo del ojo ve acercarse a la bella auxiliar de geriatría que enseguida le desanuda, amorosa,  el babero.
Y por último, hablaré de un tipo de héroes más bien escaso, el héroe de cabecera, ése que se enfrenta a personajes con la cara de cemento armado y mucho asesoramiento externo para suplir la dignidad que perdieron por el camino. Algunos de estos héroes llevan lentes que son como lupas, que son como espejos gracias a los cuales podemos ver más allá de la otra gran lente que nos aboca al gran vacío catódico.
Estos últimos seres se explican a sí mismos, no es necesario consultar un tratado de heroicidades para reconocerlos. La mayor de ellas es la perseverancia. En los tiempos que corren, creo que es el mayor de los méritos.

jueves, 5 de febrero de 2015





Corazón travieso
Las ventanas y postigos se han cerrado a cal y canto
afuera acecha la tormenta
y he bajado unos centímetros de mi talla
para estar más en contacto con el suelo
porque el corazón travieso, muy a la izquierda
acecha y conspira.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Defensa de la poesía



A veces creo que carezco de sentido del ridículo
al escribir poesía
que soy antigua como una estufa
que tengo modales de gata
 y muchas tareas por cumplir
montañas y montañas de anocheceres
para declararme insumisa
y cantar como el pájaro de Emily Dickinson
que prefería volar sin argumento.

jueves, 24 de abril de 2014



                                           Anillos de boda.
                    Los dedos han adelgazado estos días
desnutridos por la falta de caricias
                  asomados a los anillos como los suicidas a los puentes.
Mas esa inquietud que arrecia

como un ladrido de libertad
                no cabe en el anillo de boda
no cabe en la fecha del revés
grabada a la hora de los joyeros
a la hora redonda de los astros.
                Miro tu dedo adelgazado
desposándose como un obelisco con su plaza
                                               y es tarde para dar de comer
a las mariposas del estómago
es pronto para los ciervos sorprendidos.


sábado, 15 de marzo de 2014








En el peor de los casos
En el peor de los casos
si amaste y no te amaron
al escuchar a Leonard Cohen
siempre podrás decir:
yo estuve con los pies colgando
aferrada a un hilito de esperanza
y me salvó tu voz, turbia y con nudos
Leonardo Cohen
me curó de la resaca
que deja el amor cuando se pudre.

(Imagen obtenida de internet)

martes, 28 de enero de 2014

Sobre vuelos y destinos

Hacer de cada pequeño inconveniente un pequeño drama se está convirtiendo en una costumbre muy poco o nada recomendable. Con los sensores funcionando al máximo para detectar anomalías se pasan de largo algunos detalles positivos, sencillamente porque estabas ocupado compadeciéndote, quejándote de tu mala suerte.
Hoy estuve a punto de perder un vuelo desde Londres y de pronto el día apareció ante mí como un viacrucis: todas y cada una de sus horas encajaban como piezas ensambladas perfectamente a condición de que cogiera ese avión. Pero una serie de contratiempos estuvieron a punto de dejarme en tierra. Y hubo un momento en el que flaqueé, perdida en mitad de aquella sala laberíntica del aeropuerto, con paneles que señalaban confusas salidas y entradas, un momento en el que me pareció que todo se confabulaba contra mí, como si las leyes o el caos que rigen el mundo no tuvieran nada más interesante que hacer que amargarme la existencia.
Pero siempre, vayas donde vayas, hay buenas personas, pensaba mientras corría por los largos pasillos del aeropuerto de Gatwick. Y desde luego que las había, que las hay. Alguien hizo una llamada y pude tomar por fin ese vuelo; el pequeño drama que sólo existió en mi cabeza se diluyó entre las nubes de aquel cielo que casi podía tocar con mis manos. Quién sabe: tal vez todo ocurrió para mostrarme que no puedo estar enfadada con el mundo ni llevar puesta la arruga del entrecejo, porque tengo mucha suerte, pese a todo. Y lo que es mejor, para enseñarme que los sensores también sirven para detectar esos momentos amables, y para volar con confianza y con mis propias alas.
¿Tiene esto algo que ver con el destino?
Tal vez. El destino es incontrolable, y lo único que podemos hacer es dejarnos llevar.