viernes, 5 de octubre de 2018




El aura


Tantas veces se nace y se muere...
se rompe una y se recompone,
que el pasado resulta extraño
y el futuro es una pieza suelta colgando
como cornisa inestable.
Hoja zarandeada, tu cuerpo tan sensible al dolor
fue arrastrado entre el fango violento
y suplicaste una y mil veces piedad
como suplica el que, sin llegar a caer,
tampoco vence.
Te aferras a los ritos,
a baladas que alimentan anillos de calma
y repetición. Tal vez sientas añoranza del agua que bebiste
y del pan que comiste ( aquel agua no existe, aquel pan
desapareció)
Alza la cabeza y deslízate confiada como un cisne.
Reconocerás tu grandeza, y el corazón
estará libre para las siguientes venas.
No temas, estás a salvo, tu alma camina segura
ella tiene un cerrojo,
pero nunca perdió la llave.
Más allá del grito,
de la emoción soluble,
resplandece el aura como una flor de terciopelo.
No importa que las manos desesperen
las manos de tierra viva
tarde o temprano tendrán su pan servido
la música y los azahares que trastocan los sentidos.
Y el nudo que tejes
será desatado en un juego de estaciones y hechizos.
La larva, la diminuta larva que se asusta cuando contempla
la inmensidad del universo,
será indultada en la ceremonia azul de las estrellas
en el vaivén del aliento
y los zapatos del regreso.
Asumes la condición de prórroga.
Aunque sólo tengas una rama como hogar
en este sitio que no es el tuyo
que observas con ojos incrédulos.



lunes, 10 de septiembre de 2018


Aprendizaje
Nació con la cabecita bien redonda
no hay datos fiables de su primera aventura.
Partía de cero y tenía frío, y era una llaga de vida.
No sabía apenas llorar
sus ojos estaban hechos para contar historias
pues su historia carecía de grandes sucesos.
Poco a poco se ungía con un saber innecesario
calderilla de joyeros
en cerditos de barro oportunamente destripados.
Huía de las ascuas que tapaban el sol
de lecturas obligatorias, de gladiadores romanos
y de arreglos florales.
No encajaba en los pupitres.
Comía tierra al descuido, que le daba el extraño poder
de los escaramujos
unas sucias uñas
y dedos duros.
Mordía una manzana, mordía un gusano
sin saber de Eva y sus diabluras, acumulaba polvo en sus heridas;
Buscaba brazos, cocinas, almas para quedarse
aunque fuera a destiempo. Le tapaban las muñecas
con un reloj pintado.
Por lo demás, era una niña corriente: jugaba a las tabas, abría y cerraba abanicos, soñaba con sandalias doradas
y con una lavadora de programa largo.
Le asustaba la sangre en toda su vastedad
en todo su aliento de perro, de muerte gratuita.
Evitaba los pasillos oscuros
las bocas de chimenea, los cuellos de botella.
Aprendía despacio a ser mujer;
la niña desnutrida
avanzaba con su cabecita redonda,
husmeaba en busca de algo, sin lamentarse
sin declinar ofertas, trastos, timbres, zapatos callejeros.







jueves, 6 de septiembre de 2018






Dolor

Como una cita indeseable se presenta el dolor
y deja un relieve, un timbre histérico en los dientes
que sonríen como nuncios.
Me dejo caer, excavo mi madriguera tratando de no hundirme
o sólo lo necesario en el sofá.
En el centro de gravedad los huesos planean
sobre fisonomías compactas sin encaje.
Con trivial negligencia la nervadura de ese viento lúgubre
se enrosca en las cervicales
aviso de una trama oscura, punzante y amplificada.
El invierno, la muerte, la miseria roen el vientre
pero transcurre lenta su mordida como un ladrillo romo en el costado.
Vivo y resplandeciente vuelve el dolor
con su vicioso lametazo
con su cuchillo recién afilado.


domingo, 2 de septiembre de 2018



Tallados a fuego y cuchillo


¿Qué fue de todos ellos,
de los hombres modestos, de negro, de mi infancia?
Todo músculo, piel curtida, todo nuez
y pupilas ardientes entre cuencas profundas.
Tiritando de frío, en inviernos de lobos
exhaustos cuando las codornices eran de los trigos, y un sol mortal arrancaba de cuajo las espigas
Qué fue de sus camisas a rayas, presos del yunque y el arado,
de su coraje sin naftalina para aguantar la náusea de la vida
qué fue de su espantosa cordura que imitaba la nobleza de una cólera humilde,
del miedo y la miseria rondando como tábanos su casa
qué fue de sus soberbios aforismos, y de sus muebles artesanos
creados al amparo de un tiempo dilatado, prosaico
y sin tele.
Que fue de esa fuerza de hierro en los ojos que vieron parir una guerra.
Qué fue de las mujeres de luto riguroso
viejas a los cuarenta
de sarmentosas manos suaves como plumas
diligentes, gentiles y sumisas, que soportaban alegrías y desgracias
en sus frentes dulces como jazmines,
que acarreaban agua y suspiros sobre las anchas caderas
distrayendo a los espejos guardianes de la muerte.
Qué quedó del legado de las perpetuas abuelas
arrinconadas entre el fogón y la esperpéntica luz de una bombilla
Qué fue de la mortaja de su cuerpo vivo, trémulo y desarrapado
leyendo cartas desde el frente de su joven soldado calavera
sintiendo el punzón del deseo herir de vida no vivida?

martes, 21 de agosto de 2018



Calma meticulosa

Hay instantes de dominio telúrico en los cielos faustos

y en los ríos lisonjeros. Encajes en los fresnos y bondad en los trigales.

Las últimas tinieblas se dispersan en el retablo del amanecer.

La sangre se purifica en el bautismo de luz.

Toda piedra, todo cambio en el aire, cada brizna de yerba es la puerta

a los jardines del alma.

Las vastas construcciones de los siglos vibran en mi silencio

como piedra en el estanque.

Prados serenos, fuentes como relámpagos que hacen camino.

Gredos es una dama que despierta de su sueño en primavera.

Las nubes audaces borran la nieve de su rostro

como húmedas servilletas.

Calma meticulosa, encantamiento de balcón

a los cuatro vientos. La paradoja de los caballos pastando

estáticos, profetas de la libertad.

Los ojos van y vienen con su hélice de asombros

en el azul profundo y en la orquesta de ecos verdes

lejana;

los ojos reconstruyen la casa con chimenea

al fondo del valle. Caen velos, crecen alas

en los pies, secretas semillas germinan en pliegues insólitos.

El tiempo extenderá sus ramas, apreciaremos su sombra en nosotros.







sábado, 11 de agosto de 2018




Girasoles marchitos.

Imposible descifrar la profecía
en los cielos bajos de las tormentas;
una intimidad abstracta cubre tus huesos
de sombras y pasos indecisos.
Un cofre de amnesia y aspereza
guarda un viento fumigador de semillas.
¿Dónde quedaron tus cantos y tus vuelos
tus ojos ávidos, las aguas dulces serenas
de tus espejos?
El flujo detenido roba las perlas,
y los mensajes regresan como un himno de marchitos girasoles.
Los listones, clavados en la pared alzan trojes diminutas
irrespirables.
Tu cabeza sobresale por encima del techo como Alicia.
Algo se mueve arriba, mas la dura tierra multiplica tu ambición de más tierra
y de estiércol abonado.
Será la mortaja el único rescoldo de este fuego
cuando los girasoles agachen la cabeza en terrones calizos.
Muere la primavera, la última flor se secó en tu mano,
sin piedad la tomaste y la devolviste tras exhalar su perfume.
Aún no has recogido frutos,
las pepitas de oro están en el magma de tus ríos
y tu voz se consagra en el templo de tu garganta.




sábado, 4 de agosto de 2018



Nocturno

La noche eleva sus murmullos en oscuras capas
de cerraduras inviolables.
Ojos lascivos trenzan cristales en la piel de la serpiente
Está la ventana abierta, en el aire los jazmines.
Un abanico de luces se abre como un séquito
que festeja el verano.
Cae como piedra la noche sobre los corazones
su transparencia, su dolor cuelgan en lánguidas terrazas,
perpetúa solsticios
el rojo disparo
de los cielos negros.