sábado, 15 de marzo de 2014








En el peor de los casos
En el peor de los casos
si amaste y no te amaron
al escuchar a Leonard Cohen
siempre podrás decir:
yo estuve con los pies colgando
aferrada a un hilito de esperanza
y me salvó tu voz, turbia y con nudos
Leonardo Cohen
me curó de la resaca
que deja el amor cuando se pudre.

(Imagen obtenida de internet)

martes, 28 de enero de 2014

Sobre vuelos y destinos

Hacer de cada pequeño inconveniente un pequeño drama se está convirtiendo en una costumbre muy poco o nada recomendable. Con los sensores funcionando al máximo para detectar anomalías se pasan de largo algunos detalles positivos, sencillamente porque estabas ocupado compadeciéndote, quejándote de tu mala suerte.
Hoy estuve a punto de perder un vuelo desde Londres y de pronto el día apareció ante mí como un viacrucis: todas y cada una de sus horas encajaban como piezas ensambladas perfectamente a condición de que cogiera ese avión. Pero una serie de contratiempos estuvieron a punto de dejarme en tierra. Y hubo un momento en el que flaqueé, perdida en mitad de aquella sala laberíntica del aeropuerto, con paneles que señalaban confusas salidas y entradas, un momento en el que me pareció que todo se confabulaba contra mí, como si las leyes o el caos que rigen el mundo no tuvieran nada más interesante que hacer que amargarme la existencia.
Pero siempre, vayas donde vayas, hay buenas personas, pensaba mientras corría por los largos pasillos del aeropuerto de Gatwick. Y desde luego que las había, que las hay. Alguien hizo una llamada y pude tomar por fin ese vuelo; el pequeño drama que sólo existió en mi cabeza se diluyó entre las nubes de aquel cielo que casi podía tocar con mis manos. Quién sabe: tal vez todo ocurrió para mostrarme que no puedo estar enfadada con el mundo ni llevar puesta la arruga del entrecejo, porque tengo mucha suerte, pese a todo. Y lo que es mejor, para enseñarme que los sensores también sirven para detectar esos momentos amables, y para volar con confianza y con mis propias alas.
¿Tiene esto algo que ver con el destino?
Tal vez. El destino es incontrolable, y lo único que podemos hacer es dejarnos llevar.


lunes, 20 de enero de 2014

Espuma fugaz (III)

Ni tener tanto que por cuidarlo te descuides, ni tan poco que por lograrlo te malogres.

Espuma fugaz (II)

Me gustaría darme de baja de este lugar
en el que los derechos se han convertido en utopías
y los deberes
en sutil tortura o en sadismo enmascarado.

martes, 31 de diciembre de 2013

http://www.facebook.com/l/MAQFyJ3tq/www.ivoox.com/8-programa-moments-amb-tessa-mas-30-11-13-audios-mp3_rf_2680652_1.html
Programa de Radio Molins de Rei, que se puede escuchar siguiendo el enlace. Hablamos de proyectos, realidades presentes, con lectura y buena música de fondo. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

No pienses en derrotas (poema)



No pienses en derrotas.
Amémonos, no pienses en derrotas
no pienses en finales ni escondas tu alma en un albornoz de raso,
amémonos porque ahí  fuera está la selva
y mi respiración ahogada reclama tu respiración ahogada
como náufrago que vela las entrañas de su isla.
Si aprecias el instante, las gacelas despavoridas,
si no te intimidan mi fuerza y mis desgarros
acepta el frágil equilibrio de los músculos
antes de rendirse a la telaraña ardiente de mis brazos
el frágil equilibrio del aire que mece y que quiebra
tú eliges, desnudo ya de albornoces
la fuente de misterio que sacia
como una madrugada al borde de la luna.
Amémonos, hay fuera está la selva
y siempre hay otra música para los oídos atentos
siempre hay otro canto de lluvia y hojas tiernas.

jueves, 17 de octubre de 2013

Contando.

Siempre fui aficionada a contar cuentos, pero en los últimos tiempos se me pasan las horas contando monedas. Y no es avaricia, os lo aseguro. Tampoco es un hecho extraordinario: soy una más entre los hombres y mujeres de este país obligados a meterse a fondo en los presupuestos generales de su propio y pequeño estado, que ve mermados sus caudales día tras día.
Entre las cifras y las letras, siempre preferí las letras, aunque eso de contar viene de lejos. De pequeña solía contar los guisantes del plato apartándolos con un tenedor, uno a uno, formando pequeños montones que luego deshacía de forma resignada y obediente, triturándolos entre mis dientes mientras me acostumbraba a aquel sabor a verdura dulce y escurridiza.
Ahora no cuento guisantes, sino monedas, incluidas las esmirriadas, antipáticas monedas que apenas son un poco más grandes que una uña.
"Son fabas contadas", es un dicho catalán, un axioma que hace relación a algo escaso y claro. Si tienes un puñado pequeño de habas, no puedes hacer mucha comida. La lógica es aplastante, y creo que se puede aplicar a lo que está ocurriendo en este preciso instante.
¿Qué ocurre con la economía, la doméstica y la "otra"? Esa voz resignada y sabia te dará la respuesta:
"Son fabas contadas". En varios sentidos son fabas contadas. Pero son mis fabas. El dinero no se evapora, por más que a veces parece tener esa cualidad fatalmente mágica, inexplicable. El dinero que yo pierdo no se evapora con la facilidad con que lo hacen mis-tus sueños de confort y justicia. Mi dinero es robado con descaro por infames cuyo rostro conozco y por otros tan infames como ellos que se esconden en los consejos de administración y en los bancales donde crecen guisantes con la cara de un rey la cruz de un obrero.
Son hermosos los guisantes, planos y con manchas que recuerdan las del test proyectivo de Rorschach, aunque éstas son asimétricas. Manchas que dibujan el mapa precipitado de Europa en garabato junto a una cifra que deprecia la confianza en esos contables con carrera, poros y narices abiertas para detectar el olor a oro, a cobre, a miedo, a calcetines, a baldosas.
Y nosotros, guisantes escurridizos y dulzones, vamos formando rimeros, agrupaditos en un rincón del plato, cocidos y encogidos y mirando el tenedor con los ojos secos y aterrorizados.
Y es que nadie está a salvo de la gula de los contables.