lunes, 14 de junio de 2010

Poemas

Llueve sobre El Cairo

Llueve sobre El Cairo y es viernes de culto.
Sobre el asfalto ardiente, llueve,
sobre los taxis atestados de gente,
sobre los taxistas barrocos y viriles
sobre la Ciudad de los Muertos, llueve
Los sensuales ojos profundos como heridas
se alzan explícitos sobre el velo y me saludan
y el oculto sentido de una vida encaminada hacia algo se me escapa.
Sobre los azulejos, sobre los refulgentes mármoles, las cúpulas majestuosas
prodigio de luz y siglos, llueve.
Llueve sobre la Ciudadela y la mezquita de Saladino
sobre una oveja triste, extraviada y redonda
y sobre el blanco turbante de un musulmán aguerrido.
Un olor cítrico surge de la tierra,
de las zanjas abiertas como ásperas trincheras inundadas,
del poderoso Nilo, de los juncos nerviosos y silvestres
del estiércol de caballo y del húmedo carcadú.
Una alegría festiva reverbera en cada esquina
mientras la lluvia bendita cae sobre la Ciudad Roja.
Y en el Cáfé de los Espejos los hombres fuman tabaco de agua
y beben té, y se ríen
y se toman las mujeres la mano pintada de henna
y pasean sin prisa por las estrechas calles mojadas.
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